
En 1952, una enfermera americana establece las bases de un enfoque terapéutico centrado en los intercambios entre el cuidador y el cuidado. Su modelo introduce la relación interpersonal en el ámbito científico de los cuidados, donde la técnica había dominado hasta entonces. La influencia de este marco conceptual se extiende hoy mucho más allá de las fronteras de la psiquiatría, modificando de manera duradera las prácticas de enfermería y la comprensión de las interacciones entre profesionales de la salud y pacientes.
Comprender los fundamentos de la teoría de las relaciones interpersonales de Hildegard Peplau
Con la teoría de Hildegard Peplau, se impone una nueva mirada: la técnica médica cede la prioridad al humano y al intercambio. Peplau creció en Nueva York y luego se formó en el Teachers College de Columbia, forjando una concepción del cuidado marcada por la reciprocidad. La relación de cuidado según ella ya no es un cuidador todopoderoso actuando sobre un paciente pasivo, sino un partnership dinámico donde cada voz cuenta y donde las decisiones se toman en conjunto.
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El modelo de Peplau detalla cuatro grandes etapas: orientación, identificación, explotación y resolución. En cada fase, el enfermero adapta su posicionamiento, pasando del acompañamiento a la escucha y la guía. La confianza se establece poco a poco, hasta permitir que el paciente recupere un poder de acción sobre su situación y sus cuidados.
Para saber todo sobre este modelo y sus repercusiones en los cuidados, descubre la relación cuidador-cuidado según Hildegard Peplau, una referencia que transforma la manera de comunicarse con el paciente y de concebir la autonomía en salud. En la atención psiquiátrica, por ejemplo, pero también en cuidados más generales como la gestión del dolor, este modelo inspira verdaderos cambios. Susan E. Auvil-Novak ilustra esta dinámica con la cronoterapia en el dolor postoperatorio: el enfermero ajusta sus intervenciones según los ritmos biológicos y las expectativas del paciente, un ejemplo muy concreto de la filosofía de Peplau.
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¿Qué roles y dinámicas entre el cuidador y el cuidado en el modelo conceptual de Peplau?
Pensar el cuidado a través de la lente de Peplau es plantear la relación enfermero-paciente como un camino de doble sentido. Cada fase, orientación, identificación, explotación, resolución, altera la postura habitual y sacude los códigos. El enfermero, lejos de un simple rol de ejecutor, se convierte alternativamente en mediador, socio, persona recurso y guía. El paciente, por su parte, ya no es un espectador: toma una parte activa, moviliza sus recursos y se convierte en actor en su trayectoria de salud.
El desarrollo es preciso: primero, la orientación permite al cuidador acoger preocupaciones y preguntas, tranquilizar y establecer un diálogo verdadero. La identificación, luego, empuja al enfermero a profundizar su comprensión de las expectativas del paciente, a personalizar cada intervención. Durante la explotación, el paciente juega un papel central, utiliza la relación para encontrar soluciones adecuadas y avanzar hacia sus propios objetivos. Cuando llega la resolución, es el retorno progresivo a la autonomía y la preparación para la separación terapéutica.
Se encuentran estas evoluciones en contextos muy variados. Aquí hay algunas situaciones donde el modelo de Peplau se vive concretamente:
- Cuidados en psiquiatría: el lugar del diálogo y del intercambio permite a los pacientes involucrarse activamente en su trayectoria, favoreciendo la autonomía y la comprensión de sí mismos.
- Gestión del dolor después de la cirugía: al apostar por la escucha y la consideración de los ritmos del paciente, el enfermero mejora la eficacia de los cuidados y la relación establecida.
Ser enfermero según Peplau es priorizar el acompañamiento y la comprensión de la experiencia vivida, tanto como el dominio del gesto, para dar sentido y valor a cada cuidado proporcionado.

Ejemplos concretos: cómo la relación cuidador-cuidado influye en la calidad de los cuidados y la experiencia de los pacientes
La calidad de la relación influye mucho más que en la simple organización de los cuidados: transforma la gestión del dolor, la adherencia terapéutica y la percepción emocional a lo largo de la atención. Trabajos publicados en la revista RECHERCHE EN SOINS INFIRMIERS (n° 161, 01/06/2025) destacan los beneficios de una comunicación adecuada y de una atención prestada al ritmo del paciente, especialmente con la cronoterapia. Adaptar los horarios o modalidades de cuidados a la percepción del paciente refuerza la alianza terapéutica y otorga más eficacia al tratamiento.
Según el análisis de DEMAGNY-WARMOES Aurélie, CARTRON Emmanuelle y QUINDROIT Paul, la presencia abierta y disponible del enfermero pesa mucho en la balanza de la recuperación. Saber escuchar, detectar lo que no se expresa, acompañar sin imponer: estos talentos hacen toda la diferencia. Cuanto más rápido el paciente se siente reconocido en lo que vive, más rápido se establece la alianza y se reduce el uso de analgésicos. Los testimonios convergen: un paciente escuchado y comprendido aborda su trayectoria de manera diferente. La relación ya no se limita al cuidado físico, se convierte en un espacio de expresión, trampolín hacia la recuperación del control.
Esta dinámica también se revela en las enfermedades crónicas:
- Las investigaciones realizadas por Florence Policard y Sophie Bentz muestran cómo el binomio cuidador-cuidado fomenta la autonomía. El paciente refuerza sus capacidades de autocuidado, el sentimiento de aislamiento se disipa y el recorrido se estructura en torno a esta alianza duradera.
Cada día, en el hospital o en casa, el modelo de Peplau moldea una práctica diferente. Cuando la relación pasa al primer plano, cada actor se convierte en portador del cambio y la salud recupera su dimensión más humana: aquella que conecta, anima y abre el camino a una verdadera transformación del cuidado.